Actualizado el 5 de febrero de 2026 por Carlos José Belmonte López
El frenético Barça-Atlético del pasado martes ha sido objeto de conversación no solo por el resultado en el campo de juego, sino también por un accesorio que captó la atención: las gafas amarillas que Marcos Llorente utilizó en la rueda de prensa posterior al partido. Este complemento, que se ha visto en otros futbolistas de renombre durante eventos como la Eurocopa, ha suscitado debate. Aunque muchos argumentan que su uso se justifica por la necesidad de proteger la salud ocular, los expertos declaran que los fundamentos científicos detrás de esta tendencia son inciertos.
Desde la Sociedad Española de Oftalmología (SEO), se alerta sobre la proliferación de estudios con poca base científica que han generado alarmas en la opinión pública respecto a la luz azul. Los especialistas son claros al indicar que se están sacando conclusiones equivocadas sobre sus efectos en la salud ocular. «La luz azul está presente en muchos aspectos de nuestra vida, no solo en las pantallas», aseguró un portavoz de la SEO. Se argumenta que, aunque existe un malestar asociado al consumo prolongado de pantallas, este suele estar más relacionado con el cansancio ocular digital que con la luz azul en sí misma.
El portavoz de la Academia Americana de Oftalmología, Rahul Khurana, también respalda esta afirmación. En su artículo de 2017, explicó que «las molestias que algunos experimentan después de estar mirando demasiado tiempo las pantallas se deben probablemente al cansancio ocular digital». Esto ocurre porque al observar pantallas, tendemos a parpadear menos, lo que provoca sequedad en los ojos, un síntoma que muchos pueden confundir con la luz azul.
El aumento en el uso de pantallas digitales ha ido de la mano con la aparición de problemas visuales, como la enfermedad de ojo seco (EOS). Este problema ha crecido en la población española en los últimos años, en parte debido al tiempo extendido que pasamos frente a dispositivos electrónicos. Cuando miramos fijamente una pantalla, la reducción en la frecuencia de parpadeo interfiere con la lubricación adecuada de nuestros ojos, generando incomodidad.
Uno de los puntos que generan más inquietud es el impacto de la luz azul en nuestro ritmo circadiano. Esta luz, que también es emitida en gran medida por el sol, puede estimular nuestro estado de alerta durante el día. No obstante, por la noche, esta misma luz puede dificultar la conciliación del sueño al provocar un estado de activación excesiva. En este contexto, la pregunta que surge es: ¿usan realmente las gafas con filtro de luz azul una función efectiva? Al parecer, su eficacia es limitada, y la solución más sencilla para mejorar la calidad del sueño sería reducir la exposición a pantallas cuando cae la noche.
Sara E. Hernández, glaucamatóloga de Admiravision, también aporta su visión al tema. Ella señala que «el efecto de las lentes con filtro amarillo sobre el rendimiento visual es escaso o nulo en comparación con las lentes sin filtro de luz azul». La ciencia no ha corroborado que este tipo de gafas mejore la sensibilidad al contraste, la discriminación de colores, ni ayude con el deslumbramiento molesto o incluso con la satisfacción visual en general.
Si bien muchos futbolistas han adoptado estas gafas como un accesorio de moda, es fundamental considerar sólidamente su efectividad. La evidencia científica actual no respalda la necesidad de usar gafas que prometen proteger de la luz azul. Entonces, ¿cuáles son las alternativas para proteger nuestra salud ocular frente al uso constante de pantallas?
Los especialistas otorgan relevancia a una regla simple que puede ayudar a mitigar el impacto de las pantallas en nuestra visión, conocida como la regla 20-20-20. Consiste en que, cada 20 minutos de uso de dispositivos electrónicos, nos tomemos un descanso de 20 segundos para mirar algo que esté a 20 pies (aproximadamente 6 metros) de distancia. De esta manera, se favorece el parpadeo natural y se evita el cansancio ocular.
Las implicaciones de esta situación van más allá de la estética o de seguir la moda de ciertos accesorios en el ámbito deportivo. Con una rutina diaria que nos lleva a interactuar constantemente con pantallas, es esencial adoptar hábitos saludables para proteger nuestra vista y cuidar nuestro bienestar visual en el día a día. Así que, al final del día, lo más inteligente no es adquirir las últimas gafas filtradoras de luz azul, sino priorizar descansos regulares y establecer límites en el uso de pantallas.

