Actualizado el 5 de febrero de 2026 por Carlos José Belmonte López
En el mundo hay dos tipos de personas: las ordenadas y las desordenadas. Dentro de estos dos grupos hay personas que son muy estrictos con el orden y, en el otro extremo, personas que son muy desordenadas. El orden siempre se ha visto como algo bueno y como lo que tiene debería lograrse, pero ¿qué ocurre cuando eres desordenado? ¿ser desordenado se hace o se nace? Conversamos con una experta en psicología que nos ofrece una perspectiva sobre la personalidad de estas personas y el impacto que tiene el desorden en su vida.
Qué significa ser desordenado
Para empezar, es importante definir qué significa ser desordenado. Olga Albaladejo, psicóloga integrativa especializada en salud y bienestar, explica que “ser desordenado implica no seguir un sistema estructurado para organizar espacios, tiempo u objetos”.
¿Un estilo de vida o una elección?
Este desorden puede manifestarse de diferentes maneras. Puede ir desde el desorden físico, como habitaciones caóticas y papeles apilados, hasta el desorden en la gestión del tiempo o las emociones. Para algunas personas, “el desorden es simplemente una falta de hábito, mientras que para otras es una elección o una forma de funcionar que no afecta su desempeño diario”. Esto implica que hay un espectro de desorden que varía de una persona a otra.
Características de las personas desordenadas
Las personas desordenadas suelen compartir algunas características que las diferencian. A continuación, se presentan algunas de ellas:
Creatividad: Tienen una mente que fluye libremente y les cuesta seguir esquemas rígidos.
Impulsividad: Priorizarán actividades que les interesan antes que ordenar.
Dificultad para planificar y cumplir con lo planificado: A menudo tienen problemas para establecer rutinas, recordar tareas o cumplir con sus compromisos.
Tolerancia al caos: Pueden sentirse cómodas en entornos que otros perciben como caóticos.
Impuntualidad: Aunque no siempre es una característica presente, en algunos casos el desorden afecta la gestión del tiempo, lo que puede resultar en retrasos.
Perfil de la persona desordenada
En cuanto al perfil de la persona desordenada, Albaladejo indica que no hay un único perfil. Sin embargo, se pueden identificar algunos patrones comunes, como:
Personas con un estilo de vida acelerado que priorizan otras actividades antes que la organización.
Personas creativas que ven el desorden como parte de su proceso de trabajo.
Personas con dificultades en la gestión del tiempo o tendencia a la procrastinación.
Algunas personas neurodivergentes (TDAH, TEA) que pueden tener una relación distinta con el orden.
Es interesante señalar que hay etapas de la vida, como la adolescencia, en las que el desorden puede asumirse como una forma de rebeldía o autoafirmación.
Qué personalidad tienen las personas desordenadas
En relación a la personalidad de quienes son más desordenados, es fundamental aclarar que “no todas tienen la misma personalidad”. No obstante, muchas veces suelen tener en común ciertos rasgos. Sin embargo, esto no significa que sean desordenadas en todos los aspectos de su vida. Como indica Albaladejo, “hay personas que pueden tener su espacio desordenado, pero ser meticulosas con sus finanzas, o personas que gestionan bien su trabajo, pero no su casa”.
Vivir ordenado en el desorden
Un aspecto intrigante es cómo las personas ordenadas que conviven con individuos desordenados suelen afirmar que “su desorden es su orden”. Afirman que saben perfectamente dónde están cada cosa dentro del desorden. Albaladejo considera que esto es posible. “Muchas personas desordenadas tienen su propio sistema de organización, aunque no sea convencional. Pueden saber exactamente dónde están sus cosas, aunque desde fuera parezca un caos”.
Este fenómeno es más común en personas creativas y en algunas neurodivergencias, como el TDAH, donde la estructura tradicional de organización puede no ser efectiva, pero sí desarrollan métodos personales adaptados a su forma de pensar. Sin embargo, por otro lado, también existen “personas caóticas que no saben dónde tienen la cabeza, olvidan citas, pierden cosas importantes o llegan siempre tarde”, concluye Albaladejo.
En conclusión, la relación que cada individuo tiene con el desorden puede ser multifacética. Mientras que algunas personas pueden beneficiarse de un enfoque más estructurado, otras encuentran en el desorden un espacio de libertad y creatividad.

