Sigue este truco para reducir el consumo de comida basura en solo 2 minutos

Carlos José Belmonte López

Carlos José Belmonte López

Publicado: 05/03/2026 • 19:32
Actualizado: 05/03/2026 • 19:32

Actualizado el 5 de marzo de 2026 por Carlos José Belmonte López

La comida basura, es decir, aquellos productos que suelen ser atractivos por su sabor, olor, textura e imagen, presenta un riesgo considerable para nuestra salud. Tal como describe la Asociación Española de Pediatría, “la comida basura es la comida preparada que se puede llevar caliente de los restaurantes (hamburgueserías, pizzerías, establecimientos de pollo frito…) y se puede comer inmediatamente y los platos precocinados que solo hay que recalentar antes de servirlos”. Estos alimentos suelen contener una gran cantidad de calorías, grasas saturadas, sal y azúcares, además de aditivos, lo que está vinculado a problemas serios como la obesidad, diabetes, infartos en el corazón o en el cerebro, e hipertensión entre otros trastornos. Por esta razón, se les denomina comida basura.

Estrategias para evitar la comida basura

Aunque sabemos que es perjudicial abusar de este tipo de alimentos, a menudo nos encontramos atrapados en su tentadora oferta. Sin embargo, existe la posibilidad de implementar algunas estrategias para evitar su consumo. Un estudio reciente publicado en el Journal of Consumer Research revela que la colocación de los productos en el supermercado, así como en nuestra despensa, puede influir significativamente en la elección de alimentos más saludables en lugar de los menos beneficiosos.

El estudio liderado por Dipayan Biswas, profesor de marketing en la Universidad del Sur de Florida, explica que “los resultados de siete estudios demuestran que la colocación de productos saludables a la izquierda (en lugar de a la derecha) de productos no saludables mejora la preferencia por las opciones saludables”. Además, se observa que “el volumen de consumo de un producto saludable (en comparación con un producto no saludable) es mayor cuando se coloca a la izquierda (frente a la derecha) del producto no saludable”. Este simple cambio puede inducir a los consumidores a hacer elecciones más sanas, demostrando que la organización visual en los espacios de compra tiene un impacto real en nuestras decisiones alimentarias.

¿A qué se debe este fenómeno? Los autores del estudio proponen que “existe lo que se denomina patrón de colocación lateral: ‘saludable a la izquierda, no saludable a la derecha’ que concuerda con la forma en la que los consumidores organizan mentalmente los alimentos según su salubridad. Este patrón, facilita el procesamiento de la información y mejora el autocontrol, lo que a su vez incrementa la probabilidad de optar por opciones más saludables.

El papel del olfato en nuestras elecciones alimentarias

Sin embargo, no solo la colocación de los alimentos es un factor a considerar; también hay otros trucos menos conocidos que pueden ayudarnos a hacer elecciones más saludables o a reducir el consumo de comida basura. Un descubrimiento interesante señala que si hueles un alimento poco saludable pero atractivo durante 2 minutos, las ganas de consumirlo disminuyen significativamente. Por el contrario, si la exposición se limita a solo 30 segundos, es probable que no puedas contener tus deseos de consumirlo.

Esta conclusión es el resultado de una investigación titulada The Smell of Healthy Choices: Cross-Modal Sensory Compensation Effects of Ambient Scent on Food Purchases, publicada también en el Journal of Consumer Research. Los investigadores encontraron que “los gerentes están utilizando el aroma ambiental como un elemento estratégico importante en varios entornos de servicio, siendo especialmente comunes los aromas relacionados con la comida”. Este estudio analizó los efectos que los aromas pueden tener en las compras y elecciones alimentarias tanto en niños como en adultos.

Los resultados de esta investigación abarcan una serie de experimentos, incluyendo estudios de campo en supermercados y cafeterías. En este contexto, se demostró que “la exposición prolongada (de más de dos minutos) a un aroma ambiental relacionado con un alimento indulgente (por ejemplo, aromas de galletas) conduce a menores compras de alimentos poco saludables en comparación con la ausencia de aroma ambiental o un aroma relacionado con un alimento no indulgente (como el aroma de fresa)”.

La razón detrás de este fenómeno parece radicar en la “compensación sensorial intermodal”. Según los autores, la exposición prolongada a un olor de alimentos indulgentes provoca una satisfacción en el circuito de recompensa del cerebro, lo que a su vez disminuye el deseo de consumir esas mismas opciones alimenticias indulgentes. Sin embargo, es importante destacar que los efectos se revierten con una breve exposición (de 30 segundos o menos) al aroma.

Este enfoque innovador permite comprender cómo los estímulos en un sentido pueden compensar nuestro deseo en otro, ofreciendo valiosas estrategias para aquellos que desean hacer elecciones más saludables en su dieta diaria. En suma, tanto la disposición de los productos como los aromas ambientales juegan roles fundamentales en nuestras decisiones alimenticias, y al aplicarlos de manera consciente, podemos mejorar nuestra alimentación y, por ende, nuestra salud.