Alimentación equilibrada y actividad física: claves para vivir bien con VIH

Actualizado el 1 de diciembre de 2024 por Carlos José Belmonte López

Cuando una persona se enfrenta a la infección por VIH, su vida puede transformarse por completo. Sin embargo, hay que reconocer que la forma de convivir con el VIH ha cambiado significativamente en las últimas décadas. Hoy en día, es vital un enfoque integral que asegure un estado de salud adecuado, destacando la importancia de la alimentación en la vida diaria de quienes viven con esta condición.

La importancia de una dieta equilibrada

Para optimizar la salud y minimizar los riesgos asociados al tratamiento, es fundamental mantener una dieta equilibrada y saludable. Marisa Montes, especialista en la Unidad de VIH del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario La Paz de Madrid, destaca que se debe realizar actividad física regular, evitar el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias nocivas, y asistir a controles médicos periódicos para monitorear la salud y realizar ajustes en el tratamiento según sea necesario.

Seguridad alimentaria

Con el avance de la terapia antirretroviral, actualmente las personas que viven con VIH “no presentan mayor riesgo de infección que aquellas que no tienen el virus”, según Carmen Aragón, vocal del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. A pesar de esto, los pacientes en fase de sida o recién diagnosticados deben tener especial cuidado con ciertos alimentos que pueden estar contaminados por microorganismos. Los alimentos que se deben evitar incluyen verduras y hortalizas crudas, frutas sin pelar que no han sido desinfectadas, carnes y pescados poco cocinados o crudos, así como quesos no pasteurizados.

Alteraciones metabólicas y adaptación dietética

A medida que se han desarrollado nuevos tratamientos, las situaciones de desnutrición en personas con VIH han disminuido. Ahora se observan más alteraciones metabólicas, como diabetes, hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia y cambios en la distribución de grasa corporal. Mª José Ibáñez, dietista-nutricionista y secretaria del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, explica que estas condiciones requieren adaptaciones en la dieta para abordar los nuevos desafíos de salud.

Por ejemplo, se ha vuelto más común encontrar casos de obesidad entre las personas bajo tratamiento antirretroviral, lo que representa un cambio significativo en comparación con los problemas de desnutrición que se observaban anteriormente. Aragón confirma que con algunos medicamentos se ha descrito una notable asociación con la ganancia de peso, lo que resalta la necesidad de adaptar las pautas alimentarias.

Una alimentación personalizada

Cuando se habla de alimentación para personas con VIH, no existe un enfoque único. Según Ibáñez, “la dieta debe ser individualizada, en función de la situación clínica e inmunológica de cada persona”. Para la mayoría, la base del menú debe incluir alimentos de origen vegetal, como verduras, frutas, hortalizas, legumbres, patatas y cereales (preferiblemente integrales). Además, es recomendable incluir una variedad de colores en estos alimentos para acceder a una gama amplia de micronutrientes y sustancias bioactivas. En cuanto a los productos de origen animal, se debe priorizar el consumo de carnes magras, pescados y huevos. Por otra parte, es aconsejable reducir el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares añadidos, que se encuentran comúnmente en carnes grasas, embutidos, galletas y productos de pastelería. También se debe tener cuidado con la sal, que abunda en productos ultraprocesados.

Para garantizar un enfoque dietético adecuado, es esencial tener en cuenta las interacciones entre la medicación y los nutrientes. Algunos suplementos de vitaminas y minerales, como el calcio y el hierro, pueden interferir en la absorción de ciertos antirretrovirales, por lo que se recomienda tomarlos de manera separada. Por lo tanto, es crucial que el dietista-nutricionista forme parte de un equipo multidisciplinar que brinde apoyo y asesoramiento desde el diagnóstico y a lo largo de cualquier cambio en el estado de salud del paciente, como pérdida de peso, diarrea o infecciones oportunistas.

El rol del dietista-nutricionista

En conclusión, la alimentación juega un papel esencial en la salud de las personas que viven con VIH. A través de una dieta equilibrada y saludable, así como de la atención adecuada a las interacciones entre medicamentos y nutrientes, es posible maximizar la calidad de vida. Esto no solo implica la selección adecuada de alimentos, sino también prácticas seguras al manipular y cocinar los ingredientes.

Es fundamental que quienes viven con VIH reconozcan el valor de contar con un profesional de la nutrición en su equipo de salud. La intervención de un dietista-nutricionista puede ser determinante para abordar las particularidades de su situación, adaptando la alimentación a sus requerimientos y contribuyendo a un mejor manejo de la enfermedad. En la actualidad, es evidente que una buena gestión de la alimentación puede ser un aliado valioso en la vida de las personas que conviven con el VIH.

German Fuertes Otero
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CEO en PharmaSalud.net. Licenciado en medicina por la Stanford Medicine: Stanford, California, US, Máster en University of Cambridge: Cambridge, Cambridgeshire, GB y University of Oxford: Oxford, Oxfordshire, GB. Doctorado en Harvard University Harvard Catalyst: Cambridge, MA, US

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