Descubren cómo el cerebro provoca antojos de azúcar incluso en saciedad

Actualizado el 18 de febrero de 2025 por Carlos José Belmonte López

¿Te pasa que en celebraciones comes hasta que piensas que no puedes más, pero siempre tienes hueco para el postre? Un equipo de investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación del Metabolismo (Alemania) ha descubierto por qué ocurre esto en nuestro cerebro.

El descubrimiento del Instituto Max Planck

Los investigadores realizaron un trabajo publicado en la prestigiosa revista científica «Science», en el que se expone que las mismas células nerviosas responsables de hacernos sentir llenos también incrementan nuestro deseo de consumir dulces, incluso después de haber comido en exceso.

La reacción de los ratones al azúcar

Para investigar la causa del hueco para el postre, el equipo analizó la reacción de ratones al azúcar. Descubrieron que estos roedores, a pesar de estar completamente saciados, continuaban comiendo postres. Este fenómeno es interesante, ya que plantea preguntas sobre el comportamiento alimentario y el papel de las señales del cerebro.

Células nerviosas y el deseo de azúcar

En sus estudios, los científicos identificaron un grupo particular de células nerviosas, las neuronas POMC, que juegan un papel crucial en este proceso. Estas neuronas se activan cuando los ratones tienen acceso al azúcar, potenciando su apetito incluso cuando ya están satisfechos.

El papel de la ß-endorfina

Cuando los ratones saciados comen azúcar, las neuronas POMC no solo envían señales que fomentan la sensación de saciedad, sino que también liberan un opiáceo natural, la ß-endorfina. Esta sustancia química actúa sobre otras células nerviosas que tienen receptores opiáceos y genera una sensación de recompensa, lo que provoca que los ratones sigan comiendo azúcar a pesar de su saciedad. Los autores del estudio explican que esta respuesta es un efecto directo de la interacción entre la ß-endorfina y los receptores en el cerebro.

La activación específica de la vía opioide

Este mecanismo opioide se activa específicamente cuando los ratones consumen azúcar adicional, y sorprendentemente, no se observa cuando ingieren otros tipos de alimentos, como comestibles normales o grasos. Este hallazgo es significativo, pues sugiere que el azúcar tiene un impacto único en el apetito y el comportamiento alimentario.

La investigación sobre la saciedad

Además, cuando los investigadores bloquearon esta vía en los ratones, estos se abstuvieron de consumir azúcar adicional, un efecto que solo fue observable en aquellos animales que ya estaban saciados. En un contexto diferente, en los ratones hambrientos, la inhibición de la liberación de ß-endorfina no tuvo ningún efecto significativo en su consumo.

Percepción del azúcar y el cerebro

Curiosamente, el mecanismo ya se había activado antes de que los ratones ingestaran el azúcar; incluso los neurobiológos detectaron la liberación de ß-endorfina en el cerebro de aquellos ratones que nunca habían tenido contacto con azúcar. Esto indica que la percepción del azúcar misma puede desencadenar respuestas biológicas antes de que se consuma.

Similitud en seres humanos

Los hallazgos no se limitan a los ratones. Los científicos realizaron escáneres cerebrales a voluntarios humanos que recibieron una solución de azúcar a través de un tubo y observaron que la misma región del cerebro que se activa en los ratones reacciona de manera similar al azúcar en los seres humanos. Esto plantea la posibilidad de que el mecanismo de recompensa pueda ser relativamente universal.

Implicaciones evolutivas del hallazgo

Desde una perspectiva evolutiva, la función del cerebro para programar la ingesta de azúcar tiene sentido: el azúcar es un recurso escaso en la naturaleza, pero proporciona una fuente rápida de energía. El investigador Henning Fenselau, jefe del grupo de investigación, destaca que esta programación a nivel cerebral explica por qué el azúcar es tan atractivo para muchos de nosotros.

Relevancia para combatir la obesidad

Los hallazgos del grupo de investigación podrían ser relevantes en la lucha contra la obesidad. Fenselau menciona que ya existen medicamentos que bloquean los receptores opiáceos en el cerebro, aunque la pérdida de peso resultante es menor que la que ofrecen inyecciones de supresores del apetito. Ahondar en cómo combinar estos tratamientos podría resultar muy útil, pero es vital realizar más estudios en esta área.

Reflexiones finales sobre los antojos

El estudio se suma a las investigaciones que tratan de desvelar por qué resulta tan complicado hacer dieta y cómo la culpa de nuestros antojos puede ser atribuida más al cerebro que a la lengua. La exploración de estos mecanismos biológicos ayudará a entender mejor nuestros hábitos alimenticios y cómo podemos abordarlos de manera más efectiva en el futuro.

German Fuertes Otero
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CEO en PharmaSalud.net. Licenciado en medicina por la Stanford Medicine: Stanford, California, US, Máster en University of Cambridge: Cambridge, Cambridgeshire, GB y University of Oxford: Oxford, Oxfordshire, GB. Doctorado en Harvard University Harvard Catalyst: Cambridge, MA, US

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