Actualizado el 19 de febrero de 2025 por Carlos José Belmonte López
Un nuevo estudio de la Escuela de Medicina Warren Alpert de la Universidad de Brown y del Hospital General Brigham de Massachusetts, compartido por Europa Press, ha puesto de manifiesto una conexión significativa entre los ritmos circadianos, el peso y los hábitos alimentarios en los adolescentes. Este estudio reveló que los adolescentes clasificados con sobrepeso u obesidad consumen más calorías al final de la jornada en comparación con aquellos que tienen un peso saludable. Los hallazgos han sido publicados en las ‘Actas de la Academia Nacional de Ciencias’.
Un enfoque multifacético sobre la obesidad
El estudio se basa en la creciente evidencia que indica que las causas de la obesidad son complejas y están influenciadas por múltiples factores. Investigaciones anteriores ya han subrayado la relación entre el sueño, los hábitos alimentarios y el aumento de peso, pero la influencia del sistema circadiano, conocido como el reloj biológico, en la dieta diaria de los adolescentes aún resulta incierta.
Los hallazgos del estudio
Los investigadores han llegado a la conclusión de que los ritmos circadianos tienen un impacto significativo en la ingesta de alimentos de los adolescentes con riesgo de obesidad. Según la investigadora principal, Mary Carskadon, profesora de psiquiatría y comportamiento humano en la facultad de medicina de Brown, «la importancia del desarrollo de los adolescentes para preparar el terreno para una vida saludable pone de relieve la necesidad de comprender el papel que desempeñan los procesos de sueño/vigilia y de sincronización circadiana en la conducta alimentaria».
La investigación demostró que en los tres grupos analizados, la ingesta de alimentos alcanzó su punto álgido por la tarde y a primeras horas de la noche, mientras que la ingesta fue menor en la mañana. Además, los adolescentes con sobrepeso u obesidad consumieron de manera significativa más calorías durante la tarde-noche que aquellos que estaban en el grupo de peso saludable. Curiosamente, no se encontraron diferencias significativas en el tiempo total de sueño entre los grupos.
Método de investigación
El estudio, realizado en el Laboratorio de Investigación del Sueño del Hospital Bradley, incluyó a 51 voluntarios de entre 12 y 18 años, quienes se dividieron en tres grupos según su índice de masa corporal. Cada participante tuvo asignado un ciclo de sueño y vigilia extendido de 28 horas, con luz tenue mientras estaban despiertos y completa oscuridad durante el sueño. Para evitar cualquier interferencia externa que pudiera afectar al ritmo circadiano, los investigadores eliminaron todas las señales temporales del laboratorio, incluidas las luces naturales y relojes.
Durante el experimento, los participantes tuvieron seis oportunidades de comer en horarios fijos y con un menú estandarizado, lo que les permitía consumir la cantidad de comida que desearan. Investigadores y estudiantes en prácticas monitorizaron su ingesta calórica y les ofrecieron actividades recreativas durante el día, lo que les permitió estar ocupados y entretenidos.
Un vistazo al sistema circadiano
El sistema circadiano está constituido por billones de «relojes» integrados en casi todos los órganos, tejidos y células del cuerpo. Estos relojes biológicos son los responsables de preparar el organismo para adaptarse a las exigencias cambiantes del ciclo día-noche. Cada individuo experimenta la influencia de este sistema de manera distinta debido a factores genéticos y ambientales, lo que resalta la complejidad de la obesidad y el comportamiento alimentario.
¿Hacia dónde nos llevan estos hallazgos?
Aunque los hallazgos son reveladores, se requiere realizar más estudios para entender mejor cómo el control circadiano de la ingesta alimentaria podría estar relacionado con los cambios de peso. Los investigadores, encabezados por Frank Scheer, del Programa de Cronobiología Médica del Hospital Brigham and Women’s, anteriormente habían demostrado que el sistema circadiano afecta el hambre y el metabolismo. Este estudio, sin embargo, es pionero al establecer que la ingesta de alimentos está regulada por nuestro reloj corporal interno.
Según Carskadon, estos descubrimientos podrían guiar a los médicos en la atención y asesoramiento a los adolescentes sobre cómo manejar su peso. «Por ejemplo, los hábitos de luz al anochecer y la exposición a luz brillante por la mañana, especialmente relacionada con el ejercicio, podrían influir en los ritmos circadianos”, reflexiona.
Impacto en la salud adolescente
Entender las interacciones entre el sistema circadiano, la alimentación y el metabolismo puede ayudar a los investigadores a desarrollar intervenciones dietéticas más eficaces y personalizadas para mejorar la salud de los adolescentes en el futuro. Este tipo de enfoque puede fomentar hábitos más saludables y contribuir al bienestar integral de la población juvenil.
En conclusión, el estudio deja claro que los ritmos circadianos desempeñan un papel fundamental en la regulación de la ingesta calórica y, por ende, en el riesgo de obesidad entre los adolescentes. A medida que la investigación avanza, se abren nuevas oportunidades para abordar la obesidad de manera efectiva, integrando conocimientos sobre el ciclo biológico y las costumbres alimenticias.


