Actualizado el 19 de febrero de 2025 por Carlos José Belmonte López
La alimentación muchas veces puede reflejar nuestras emociones y conflictos internos. Según la psicóloga clínica Melania Vargas, experta en trastornos de la conducta alimentaria (TCA), «la forma en la que comemos puede convertirse en un altavoz de las emociones, expresando conflictos y preocupaciones que a menudo no se pueden verbalizar». En la rutina diaria, conductas como comer deprisa, picar entre horas o realizar atracones son cada vez más comunes. Sin embargo, si estos comportamientos van más allá de «momentos puntuales» y generan «culpa o malestar», podrían indicar la necesidad de buscar ayuda profesional.
Entendiendo el atracón
«No es necesario tener un diagnóstico de Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) para tener una relación conflictiva con la comida», advierte Vargas, quien también se desempeña como directora clínica en Identya Psiconutrición. Una relación de amor-odio hacia los alimentos ya justifica la búsqueda de apoyo profesional. En este sentido, es importante identificar qué se entiende por ‘consumo por atracón’, el cual implica la ingesta compulsiva de alimentos en un corto período de tiempo.
Las señales de alerta
El atracón, en su inicio, puede resultar placentero para quien lo experimenta. No obstante, tras este breve momento de satisfacción, se presenta una sensación de malestar físico y emocional. Vargas destaca que «algunas personas sienten que actúan de manera automática, como si perdieran la conexión consigo mismas, y esto suele ir acompañado de vergüenza y culpa«. Para ayudar a identificar si se está experimentando un atracón, la especialista ha señalado seis claves relevantes:
- Sensaciones: «Los primeros instantes suelen ser placenteros, pero ese placer dura poco. A medida que se sigue comiendo, aparece un gran malestar físico y emocional. Incluso se puede llegar a sentir asco o rechazo por lo que se está haciendo, sin que eso frene la ingesta».
- Velocidad: «Se experimenta una sensación de descontrol, donde se engullen los alimentos rápidamente, sin masticar ni saborear«.
- Hiperactividad: «Algunas personas comen compulsivamente mientras se mantienen en movimiento, manifestando un gran nerviosismo y desconexión emocional durante el acto de comer».
- Consciencia alterada: «Durante el atracón, puede sentirse que la persona no está en control de sí misma, actuando como un autómata. Después del atracón, es común no recordar qué o cuánto se ha comido».
- Ocultar el atracón: «La vergüenza y el miedo a ser juzgados llevan a muchas personas a esconder estos episodios».
- Descontrol: «Esta sensación intensa durante la ingesta compulsiva es lo que diferencia un atracón de simplemente comer en exceso».
Causas y orígenes de los atracones
Los atracones «no surgen de la nada», enfatiza Vargas. Pueden deberse a distintos factores, entre los cuales se destacan:
- Dietas restrictivas: «Cuando se priva a uno mismo de alimentos durante el día, es probable que se sienta un hambre intensa por la tarde o noche, lo que puede llevar a una ingesta compulsiva».
- El «dietismo crónico»: «La costumbre de estar siempre a dieta crea categorías de alimentos ‘buenos’ y ‘malos’. Estas prohibiciones generan ansiedad, lo que puede desencadenar atracones al consumir esos alimentos prohibidos».
- Saltarse la dieta: «Es común pensar ‘como uno se ha saltado la dieta, no vale la pena seguir’. Esto puede provocar un episodio de ingesta descontrolada».
- Dificultades emocionales: «La comida se convierte en una vía de escape cuando sentimos que no contamos con recursos para afrontar nuestras emociones. Días de cansancio o tristeza pueden llevarnos a buscar consuelo en la comida».
- Costumbre: «Al principio, los atracones pueden haber cumplido una función de escape, consuelo o premio. Con el tiempo, aunque esta razón desaparezca, el hábito persiste y se asocia a situaciones específicas, como ver la televisión».
La importancia de buscar ayuda profesional
«Este ciclo empieza con una insatisfacción corporal, lo que lleva a dietas restrictivas», explica Vargas. «La privación genera tensión, que desemboca en un atracón. Tras el episodio, la culpa empuja a reiniciar la dieta, perpetuando el problema». Es fundamental entender que los trastornos relacionados con la alimentación requieren tratamiento de profesionales capacitados.
«Los Trastornos de la Conducta Alimentaria, incluyendo los atracones de comida, deben ser tratados por profesionales especializados», concluye Vargas. «Es crucial acudir a psicólogos colegiados con experiencia en TCA, ya que poseen las herramientas necesarias para ofrecer un tratamiento adecuado y personalizado». Identificar la necesidad de apoyo es el primer paso para una alimentación más equilibrada y saludable.


