Actualizado el 25 de julio de 2026 por Carlos José Belmonte López
El jamón cocido es un clásico de la charcutería española. Este fiambre es el resultado de hervir y salar la carne de cerdo, la cual se embute en una funda sintética o se enlata. Este proceso de salado y cocción actúa como un método antibacteriano, permitiendo que el jamón cocido se conserve mejor que la carne fresca, según explica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Además, este alimento es muy típico en nuestra dieta por su versatilidad, su ligereza y su precio asequible.
Una nutricionista pide no comprar este tipo de jamón cocido
La gran duda surge en el momento de adquirir jamón cocido, ya que hay innumerables tipos y marcas disponibles, también conocido como jamón de york. Blanca García, conocida como Blancanutri en las redes sociales, advierte sobre la importancia de leer detenidamente las etiquetas y no dejarse llevar solo por la apariencia del producto. En un vídeo reciente, hace un llamado a no adquirir jamón cocido al corte en carnicerías. «No hay que fiarse de los jamones al corte de carnicería. Son los peores«, revela esta experta.
La razón detrás de esta advertencia es que, al comprarse al corte, el consumidor desconoce el tipo de jamón que está recibiendo y sus componentes. «Pregunta por la etiqueta», enfatiza la nutricionista. Para aquellos que opten por esta opción, recomienda solicitar la etiqueta para revisar todos los ingredientes pertinentes.
Cinco consejos para comprar el mejor jamón de york
En su intervención, Blanca no solo detalla por qué debe evitarse el jamón al corte, sino que también comparte recomendaciones para asegurarse de adquirir el jamón cocido de mejor calidad:
- Evitar los nitritos: Suelen aparecer bajo los nombres nitrito sódico o E249-E252. Estos aditivos pueden aumentar la inflamación intestinal y son considerados sustancias con potencial cancerígeno.
- Evitar los carragenanos: El E407 es otro aditivo a evitar, ya que también pueden causar inflamación intestinal, aunque se emplean para mejorar la textura del producto.
- Atención a los fosfatos: Los fosfatos E451, como el trifosfato sódico, en grandes dosis pueden provocar problemas digestivos y, en algunos casos, hiperactividad.
- No centrarse solo en el porcentaje de carne: Algunos jamones pueden tener un alto porcentaje de carne, pero también incluir los aditivos que conviene evitar, así que no hay que fiarse solo de esta cifra.
- No alarmarse al ver azúcar: Generalmente, se encuentra en cantidades muy pequeñas, usualmente por debajo de 1g por cada 100g, y actúa como conservante, así que esta no debe ser una preocupación principal.
Atención al exceso de sal
Un análisis realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre 25 tipos de jamones cocidos extra envasados permite arrojar luz sobre un aspecto preocupante: 24 de ellos contienen más de 1,25 gramos de sal por cada 100 gramos de jamón. Esta cantidad es considerada alta por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan). Es decir, el 96% de los productos analizados superan la cantidad establecida.
Esto implica que, al elegir jamón cocido, los consumidores deben tener en cuenta no solo su sabor y precio, sino también su composición nutricional. Leer las etiquetas y estar informados sobre los componentes puede ser crucial para mantener una alimentación equilibrada y evitar problemas de salud a largo plazo. En definitiva, el conocimiento sobre lo que consumimos es fundamental para una nutrición adecuada y un estilo de vida saludable.



